miércoles, 6 de marzo de 2013

El verosímil



En muchas ocasiones nos hemos preguntado si tal o cual hecho o personaje resultan verosímiles para la historia que se quiere contar. ¿Pero a qué nos referimos con “verosímil”?

Pensemos por ejemplo en el contexto de un juicio. Como quiera que sea, el telón de fondo del hecho juzgado es una verdad única. Sin embargo esa única verdad se presentará desdoblada en, por lo menos, dos puntos de vista distintos encarnados en abogados sentados frente a frente. De esta manera, esa única verdad será inaccesible y probablemente suceda que aquello que el juez dictamine o conciba como verdadero no sea la verdad misma sino más bien lo que resulte en apariencia más cierto.

Y entonces pensé en esa frase de Platón que alguna vez leí: “ En los Tribunales, en efecto, la gente no se inquieta lo más mínimo por decir la verdad, sino por persuadir, y la persuasión depende de la verosimilitud”.

Puede parecer una cuestión demasiado filosófica, pero nos animamos a decir que acceder a una Verdad es prácticamente imposible, y que no nos queda más remedio que aproximarnos a ella aunque más no sea. Y así llegamos al concepto que nos importa, el de verosimilitud o verosímil.

Lo verosímil entonces sería aquello que parece estar “conforme con la realidad” o con lo que el sentido común cree que puede ser real o acercarse a ello. Para un cuento realista, entender el verosímil es más fácil y la definición parece ajustarse mejor.

Sin embargo, podríamos preguntarnos, ¿ y en un cuento fantástico o maravilloso cómo damos cuenta de ese verosímil? En este sentido hay que aclarar que lo que determine el verosímil ya no será la referencia a lo real sino más bien las leyes que definen ese género. Y esto lo dejamos, entonces, para debatir.